El taller de Labayen

Pequeña historia

La afición a los "Soldaditos", me viene de lejos. Ya en 1940, en la Librería "Marie" de San Juan de Luz, solía comprar laminas de soldados recortables de la colección "Pro Patria".Representaban en su mayoría Tropas y Material militar franceses de la "Belle Epoque", y en aquellos días trágicos para Francia, eran como un recordatorio de glorias pasadas. Por aquel entonces, alguien me regaló un libro titulado "Des Soldats".   

                    

Narraba la vida de un muchacho apropiadamente llamado Bombardoc, que daba comienzo a su Carrera militar como tambor en Waterloo y la terminaba como General en tiempos de la III Republica. Una forma de narrar la Historia militar francesa del Siglo XIX, con un texto ameno, instructivo y un tanto "chauvin" y unas ilustraciones deliciosas... Aquello fue desencadenante de lo que vendría después.... Y es que inmediatamente, empecé a dibujar, a colorear mis propios soldaditos, y lo seguí haciendo no sin interrupciones hasta 1956. Desde un legionario romano hasta el Napoleón a caballo de Meissonier, pintado al gouache en tamaño "soldadito", que sigue todavía por ahí, en espera de que alguien lo recorte.

Hoy, en Septiembre de 2003, sesenta años después y todavía creando soldaditos, me dispongo a editar mi primer Catalogo, con este prologo que sirva para contar la historia de este pequeño Taller.

 En Agosto de 1961, vi en el escaparate del "Bazar Easonense" de San Sebastián, unos soldaditos de plomo. Compré uno de ellos, un Guardia de Corps de Fernando VII, fabricado por Castresana de Madrid, y aunque no era ninguna maravilla, me quede maravillado. Dados mis antecedentes, la decisión de reanudar mis relaciones con el mundo de los soldaditos era inevitable. De la cartulina        pasaría al plomo, al metal blanco, al peltre. Me gustaría llegar al bronce.

 

Para el otoño del 61, el "Taller de Labayen" estaba en marcha. Además del fundador, contaba con los servicios de un muchacho, Fermín Galarreta, de oficio carpintero y de vocación artista, y con la ayuda esporádica de Javier Agirre, de profesión tibiamente contable y de resuelta vocación, igualmente artista. Ha pasado el tiempo, y Galarreta no es ya el jovencito de antaño. Se ha convertido en un Maestro, que produce sus propias y magnificas figuras.

Así empezamos, a la buena de Dios, sin saber nada de nada. Ni de escultura, ni de fundición, ni de pintura. Con plomo de tubos viejos y de cuellos de botellas de Rioja, pinturas "Titán", de aquellas que venían en botes para brocha gorda, documentación escasa y escayola para los moldes. Por cierto que el primero lo hizo Agirre en una caja de cerillas para la cabeza del Castresana... Hacia el año 63, durante un viaje a Londres, descubrí las figuras de Chas. Stadden en aquella tienda "Tradition" que estaba en Dover Street. No he tenido ni el gusto ni el honor de conocer a Stadden, pero desde entonces me considero discípulo suyo hasta el fin de mis días.

Inmediatamente cambiamos de técnica. Abandonamos las chapas de plomo, los métodos de talla a golpe de navaja y de lima, con los que a trancas y barrancas conseguíamos unas figuras primitivas sin duda, ingenuas y frágiles, pero que vistas hoy, no carecen de encanto. Aquellas piezas, incluidas las de la Tamborrada infantil donostiarra que nos encargó la Caja de Ahorros Municipal, constituyeron nuestra primera colección, que bien se podría llamar la del Debut.

Como buenos autodidactas, hemos pasado casi medio siglo descubriendo lo que ya estaba descubierto medio siglo antes de empezar nosotros a reinventar. Tardamos años en pasar del plomo de tubo viejo al de la "Asturiana de Minas"que mezclábamos con perdigones y finalmente a los diversos tipos de metal blanco.

Mezclando por aquí y por allá, conseguimos unas pinturas que han resistido bien el paso del tiempo. Abandonamos la escayola cuando nos enteramos de que existía la silicona.

Galarreta empezó a trabajar con plastilina, consiguiendo con ese medio en pocos años, una maestría increíble.

Nuestros primeros ensayos "staddenescos", un granadero de la Guardia Imperial de Napoleón y tres o cuatro figuras más con uniformes ingleses del mismo periodo, fueron la Colección de los Balbuceos. Vendría luego una sucesión de Colecciones que marcan bien la evolución del Taller.

 

 

La Colección "Vallet", basada en su obra "Croquis de Cavalerie", con uniformes de fines del siglo XIX , la "Barnes", en honor del Mayor Barnes y de sus obras sobre el Ejercito británico, que fueron de las primeras que cayeron en nuestras manos , y la "Zweguintzow",el gran especialista del Ejercito ruso, que nos indujo a crear una Colección donde había un poco de todo menos rusos: coraceros del Ducado de Schleswig-Holstein, granaderos austriacos y un trío de soldados españoles todos de mediados del Siglo XVIII . En la Colección "Clonard", que fue la siguiente-Tropas de Carlos IV y de la Guerra de Independencia- Galarreta alcanza ya niveles que empiezan a ser equiparables a los de Stadden.

                                                   A finales de los años sesenta , con la documentación de las Laminas de L.Rousselot y las de "Rigo",se inicia la larga Colección "Rousselot" de figuras en su mayoría napoleónicas francesas, incluidas las primeras pieza a caballo, sin olvidar los excelentes ejemplares dieciochescos de la División Rochambeau, creadas en 1975,en el segundo Centenario de la Revolución Americana.

Son casi veinte años de colaboración fructífera en los que la escultura de Galarreta alcanza su apogeo, mientras yo me dedico a desarrollar técnicas de fundición y de pintura cada vez mas sofisticadas, sin dejar por ello de crear también algunas figuras. Las pintadas por mí, conocidas como las especiales, terminaron en las mejores colecciones tanto europeas como americanas.

Con mi entrada en el Gobierno Vasco en 1980 como Consejero de Cultura y siguiendo mi trayectoria publica como Alcalde Donostia-San Sebastián, el Taller terminó por desintegrarse.

Galarreta se estableció por su cuenta y yo desaparecí en el mar agitado de la política. Cuando conseguí emerger de nuevo al mundo de la sanidad mental, se inicio la segunda época del Taller.

Ayudado por mi mujer Clo y por mi hijo Tibal, asumí las tareas de escultor, de pintor, de fundidor y de investigador, es decir todas. Durante los últimos dieciséis años he ido creando lo que será sin duda, a menos que alguien tome el relevo, la colección final de este Taller, una serie de figuras un tanto anárquica, al estilo de los tiempos, que la proliferación de una documentación iconográfica espléndida, hace posible.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                     

 

Soldados de los Borbones españoles del siglo XVIII, alguno que otro de sus primos franceses y napolitanos...Infantería y caballería del Gran Federico, soldados de Maria Teresa y del Kaiser Franz. Y la figura de Bolívar, creada para el Pabellón de Euskadi en la Expo de Sevilla. Y como no, napoleónicos. Figuras a pie y a caballo, en 54 y en 30 mm.
  Creo que es un privilegio pertenecer a ese mundo de los soldados de plomo –aunque a veces no sean de plomo - ,que está hecho de Historia militar, de erudición iconográfica, de sensibilidad artística, de finura artesanal y sobre todo de gentes entusiastas, entregadas a una afición que es una autentica pasión.. Gentes entre las cuales nacen amistades enriquecedoras, de esas de "hasta que la muerte nos separe". No podría terminar estas líneas sin recordar a Justiniano García, del "Bazar Easonense" de Donostia, nuestro primer cliente, a Vicente Juliá de "Chauve", a la vez vendedor y creador incansable de figuras y de increíbles cuadros en relieve, a Gorostiola, elgran especialista de la C/Princesa, ambos de Madrid y a la "Calade" de Bruselas, Hans Scholtz de Berlín, hijo de Werner, a Peter Blum de Nueva York, a Aldo Soligo de Roma, a Manolo Guijo de Hobby´s de Vitoria.

 Y a tantos coleccionistas entusiastas, al burgales Manolo Martín González, con su mano siempre tendida en nuestros comienzos , a Alberto Besga, alpinista y erudito, y a Darío Loraque , todo entusiasmo y todo corazón, -falangista de la primera hora y de la última – el con su bandera en un lado de la mesa y yo con la mía en la otra. Y como no, José Manuel Allende Salazar, coleccionista y autor de los que hacen autoridad en el campo de las miniaturas militares, que de su colección ha hecho un Museo fascinante en Sepúlveda .

Y mirando a las Américas, Isaac Gutman, que tiene en sus vitrinas la mayor parte de las figuras pintadas por mi y Rafael García Rodón, de Puerto Rico, para cuya colección he pintado tanto figuras de Stadden como mías. Volviendo a casa, Luis Mari Retolaza, compañero de Gobierno, que fue soldado de los que entró en combate en su juventud y colecciona soldaditos en sus años maduros. Y en una lista forzosamente incompleta, quisiera recordar a Miguel Iñiguez del Moral, soldado de pro, que siendo Jefe de Estado Mayor del Ejército, me honró dándome asiento en el Jurado del "Premio Ejército". Sin olvidar a Fernando González de la Peña de Sevilla, a quien debo las dimensiones correctas de las banderas del gran Federico, ni a Emilio Larreina, alma, vida y corazón de la Agrupación de Miniaturistas Militares Alaveses, crónicamente frustrado, por que todavía hoy no ha conseguido saber el color de las casacas de aquel tercio de Álava, en tiempos del primer Borbón.

            

No podría dejar de mencionar a quienes fueron compañeros en el viejo Taller. A José Luis, a Antonio, a Alberto, a Marcos, a Arturo, todos ellos expertos pintores de miniaturas. Y a Paco, fundidor, y Mariano el factotum, ni , por su puesto, a ese magnifico fotógrafo que es Alberto Alba sin cuya colaboración no hubiera sido posible realizar este Catalogo.

 

 

 

 

 

 

 

 

                           

Amigos todos, desaparecidos ya unos, todavía en pie la mayoría y otros que siguen apareciendo, que así es el río de la Vida.

El mundo del Soldadito, se ha hecho grande, se ha vuelto universal. Es increíble lo que se produce, y lo bien que se produce. Por mí parte me siento orgulloso de hacer figura de modesto precursor ante las nuevas generaciones, y de seguir siendo a la vez compañero en activo en tan distinguida legión.